Día tras día, en consulta observo como las personas que atiendo escenifican su vida en un clima de hundimiento, tremendismo, agobio, desesperación, etc. Condicionamos nuestra vida en términos tan simples como trabajar, buscar dinero, expectativas profesionales y deseos e ilusiones de futuro. Al terminar nuestro día, echamos un vistazo, y sentimos que nuestro día ha sido una pérdida de tiempo, un agobio, un círculo de malestar y desgaste, que basa nuestra normalidad semanal.

¿Pensamos que nuestro tiempo tiene tan poco precio?, ¿Qué nuestra vida se basa en un cúmulo de circunstancias vacías?, ¿queremos eso para nosotros?, y lo más importante, ¿hacemos algo para modificarlo?

Pensemos en una situación cotidiana.

Habéis pensado, ¿por qué un día lluvioso es beneficioso para algunas personas y, por el contrario, perjudicial para otras? ¿Qué atendemos de ese día, qué limitaciones observamos?, u optando por otro punto de vista, ¿qué oportunidades nos ofrece? ¿Qué elegís para alcanzar vuestro bienestar?, ¿estáis tomando alguna decisión?, o por el contrario, permitimos que nuestro entorno decida por nosotros…

Hay una frase que solía repetirme una persona muy cercana: “En aguas bravas, más vale mantener la calma”. Qué hay en nuestro día a día que nos haga sentir que vale la pena, que merece la pena, ¿un sentido? Seguramente será buscar un punto de vista.

Piensa y decide el camino a tomar.

Limitar nuestra vida en términos absolutos, de 0 o 1, blanco o negro, etc. Es un gran punto de vista atender la oportunidad de parar, reflexionar y decidir qué camino tomar para caminar hacia un lugar donde nos sintamos más cómodos y serenos. Las aguas bravas es el mundo que nos rodea, ya que es cambiante. La calma reside en nuestro interior…

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