Tras un transcurso temporal de estancamiento, aislamiento y pretensión de resolución de nuestro futuro con múltiples pensamientos: qué pasará, cómo irá, cómo haré, cómo… Preguntas sin respuesta en este preciso instante, que invitan a una alta frustración y deseo de resolución de algo que aún no ha llegado. Como todo en nuestra vida, pasa y, el momento de dar respuesta a estas preguntas ha llegado.

Cómo afrontar el ahora tras el tiempo de confinamiento

Afrontamos una realidad difuminada, ya que los estímulos que se nos presenta son, a priori, dificultosos y mínimamente confusos. Necesitamos una aclaratoria en nuestro presente que nos ayude a continuar en nuestro trabajo, competiciones, relaciones sociales, proyectos futuros, ilusiones, etc. Intentamos pensar cómo actuar ante la gran variabilidad de posibilidades que la vida nos presenta y, adelantamos nuestro pensamiento a futuros lejanos, creando así un escenario dónde todo pueda estar medianamente resuelto, arreglado, solventado, ver algo de luz al final del túnel que contemplamos como hostil y amenazador.

Parémonos a reflexionar y pensar sobre el futuro..

Reflexionemos abiertamente: ¿conocemos objetivamente el futuro que deseamos divisar?, ¿sabemos si podremos dar solución a las posibles dificultades futuras?, ¿conocemos o podremos conocer todas esas posibles dificultades futuras?, ¿futuro? Por el contrario, nos podemos formular preguntas de otra índole, más beneficiosas: ¿sé qué puedo hacer en este momento, día, situación?, ¿conozco la posibilidad de poder comenzar a afrontar una situación ahora?, ¿la puedo afrontar?, si la puedo afrontar, ¿podré desarrollar algún plan para adaptarme a esa situación?

Las respuestas a todas estas preguntas pueden sonar ambiguas, ya que estamos centrados habitualmente en atender nuestro futuro para calmar nuestro presente, no atender nuestro presente para solventar nuestro futuro. Nuestro presenta dicta un plan a cumplir, a seguir, un motivo para afrontar y adaptarnos a las diferentes situaciones que nos presenta nuestro día, además de necesita controlar nuestras emociones. Este motivo es el motor que impulsa la creación de energía para los días siguientes, con objeto principal de atención en mi motivo de hoy, qué quiero conseguir hoy.

Estableciendo este motivo diario como principal objetivo, proporciona satisfacción personal al observar que aquello que desempeño se cumple, pudiendo atender mi presente, solventando y dando forma a mi futuro.

Escrito por Javier García psicólogo deportivo en Málaga.

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