Las personas, cuando experimentamos situaciones de soledad, incertidumbre, desasosiego, ruptura, desplome, descontrol, anhelamos un estado de tranquilidad, estabilidad, fluidez y permiso, donde podamos desarrollarnos en nuestro entorno y sentir una seguridad a nivel general. Dicho de otro modo: permanecer en una situación que siento irrompible, impenetrable, “nada me puede perturbar”. El gran impedimento que encontramos, se basa en comprobar que vivimos en una realidad completamente cambiante, desestructurada e impredecible. Para nada es un parentesco de seguridad, es sinónimo de descontrol.

Una historia para meditar sobre la sensación de seguridad y control

Pensemos. Si vivimos en una realidad que es totalmente contraria y antónima a la seguridad, ¿nunca vamos a experimentar una situación de calma, estabilidad y sosiego?, ¿siempre tendremos que situar nuestra energía en combatir un elemento cambiante, desagradable y áspero?, o ¿hay algo que no estamos contemplando?, ¿qué no estamos atendiendo con detenimiento?

Voy a contaros una historia: Un trabajador es despedido de su puesto de trabajo, y como muchos a su alrededor, ve carencias y decepciones que le invitan a repudiar a su alrededor, a sentir desprecio por su persona al no poder adaptarse a un entorno que le demanda ciertos intereses y, experimenta una situación de miedo, intranquilidad, hundimiento y total descontrol.

Esta persona puede proceder en dos direcciones: La primera es resguardarse en un lugar de queja, retraimiento y aislamiento, no pudiendo contemplar una salida al túnel en el que se acaba de introducir, o como lo diría él, en el que le han introducido. La segunda es guardar una pausa, y pensar qué hacer para solventar esta situación en la que se encuentra sumergido. Tomó la segunda opción. Y sin más sorpresa, vio como todo a su alrededor seguía en el mismo desorden, pero comenzó a experimentar como las pequeñas acciones que tomaba, obtenían luz y fruto. Sin embargo, el entorno sigue en el mismo Caos. Es muy curioso ya que, en términos físicos, el principio del orden es el Caos.

Qué conclusiones podemos obtener de esta historia

Esta situación de desorden, ¿la hemos experimentado en alguna ocasión?, ¿alguna similar?, ¿hemos podido salir de ella?, ¿hemos obtenido aprendizajes, que finalmente se han convertido en habilidades? Estas habilidades, ¿han permitido interiorizar un sistema de capacidades internas?, ¿estas capacidades han podido desarrollar fortalezas inherentes a tu persona? Y estas fortalezas, ¿permiten experimentar más seguridad, aunque vivamos en una situación descontrolada?

Esta persona ¿qué nos enseña? Atender a mensajes que no nos hemos permitido absorber, pudiendo evolucionar como seres humanos. Abracemos el descontrol, ya que gracias al Caos creamos nuestras propias fortalezas.

Un reflexión propia, descubre más sobre mí en Javier Garcia Psicólogo.

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